Paso por su lado
y no dice nada,
imperceptible
pero hermoso.
Sus hojas se mecen
por el viento
a veces suave
a veces violento.
Transmite una quietud
una paz,
a veces lo herimos
sin maldad...
otras lo matamos
sin piedad.
Es apasionante verlos
crecer,
en ese dialogo intenso
desde el amanecer
esperando los rayos del
sol que le hagan crecer.
Soportar el frío
de un crudo invierno
o el abrasador calor
del verano,
donde nos cobija
su gran sombra,
sin pedirnos nada por ello.
Es apasionante...
la primavera donde la luz
en sus flores,
es la vida llena de sabores,
cuando nuestras pupilas
se clavan en ese inmenso
manto de colores.
Mientras llega la madrugada
y el manto de la noche
con su rocío, con sus heladas,
y todo lo soporta en nuestro
beneficio; ese que ignoramos.
El otoño cuando sus hojas caen
formando alfombras de tristeza
de un pasado en la esperanza
de volver a ver la luz,
de esa maravilla que la naturaleza
nos regala a cada día... casi sin
decir... nada...sin pedir nada,
nada.
y no dice nada,
imperceptible
pero hermoso.
Sus hojas se mecen
por el viento
a veces suave
a veces violento.
Transmite una quietud
una paz,
a veces lo herimos
sin maldad...
otras lo matamos
sin piedad.
Es apasionante verlos
crecer,
en ese dialogo intenso
desde el amanecer
esperando los rayos del
sol que le hagan crecer.
Soportar el frío
de un crudo invierno
o el abrasador calor
del verano,
donde nos cobija
su gran sombra,
sin pedirnos nada por ello.
Es apasionante...
la primavera donde la luz
en sus flores,
es la vida llena de sabores,
cuando nuestras pupilas
se clavan en ese inmenso
manto de colores.
Mientras llega la madrugada
y el manto de la noche
con su rocío, con sus heladas,
y todo lo soporta en nuestro
beneficio; ese que ignoramos.
El otoño cuando sus hojas caen
formando alfombras de tristeza
de un pasado en la esperanza
de volver a ver la luz,
de esa maravilla que la naturaleza
nos regala a cada día... casi sin
decir... nada...sin pedir nada,
nada.
Pedro Galera. 9-10-2011
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